La soledad y la separación son verdaderas enfermedades de nuestro tiempo. Necesitamos urgentemente verdadera comunicación, pero en vez de ello, a menudo encontramos huidas, juegos y mentiras. Este fenómeno está tan diseminado que se ha convertido en la norma. Así que frecuentemente huimos los unos de los otros, víctimas de malentendidos, preguntándonos qué pasó.
Aunque tal vez no nos demos cuenta, esta confusión surge porque no sabemos quiénes somos o quién es la persona con quien estamos. Tenemos muchas posibilidades de modificar ésto. Nuestra vida entera consiste en construir puentes. Cada persona que conocemos es un puente, un nuevo lazo, un nuevo camino para profundizar en el amor y la comprensión que somos capaces de dar. Aún así, muy pocos de nosotros sabemos cómo construir esos lazos, así que pocos de nosotros los facilitamos. O, si lo hacemos, es por unos pocos preciosos instantes, y luego escapamos a escondernos.
El puente crucial es aquel que permite a otra persona entrar en nuestras vidas. Pero hay muchos obstáculos para cruzar ese puente. Habitualmente, nuestra primera respuesta ante otra persona es juzgarla, rechazarla o criticarla. conocemos a alguien e inmediatamente lo etiquetamos. En vez de ser una persona, se transforma en un objeto para nosotros, en un extraño, en un enemigo. De este modo, nos separamos de los demás. Luego nos preguntamos por qúe nos sentimos tan solos.
Los juegos que jugamos
"Abandonad, señor, vuestros aires de superioridad, vuestros numerosos deseos, vuestro amaneramiento y vuestras extravagantes pretensiones. ¡No os hacen ningún bien, señor! Ésto es todo lo que tengo para deciros". Lao Tse
Para poner fin a nuestra soledad, debemos examinar los papeles y juegos que representamos (las identidades que fingimos). Estos papeles, sueños e imágenes son a menudo lo que fortalece nuestra soledad. La mayoría de nosotros usamos muchas máscaras, representamos demasiados papeles. Con cada máscara nos sentimos ligeramente distintos. Esas máscaras son cómodas. Nos protegen del viento, la nieve y la lluvia. Pero a veces una de ellas se nos queda pegada. No recordamos que nos la habíamos puesto tan sólo por un rato, y se convierte en una pantalla que oculta nuestro verdadero rostro.
Roles: Un rol es un conjunto de comportamientos que tienen por objeto proyectar cierta imagen ante los demás y ante nosotros mismos. En cada rol adoptamos ciertos comportamientos, sentimientos y actitudes. Esas respuestas se construyen automáticamente. Cuando nos identificamos plenamente con un rol, éste no sólo nos impide interactuar con toda clase de gente y explorar diversas posibilidades: también nos aparta de lo que está ocurriendo en la realidad. En vez de ser reales, nuestras vidas se convierten en una compleja obra teatral. Cuando ésto ocurre, la soledad es inevitable. Su causa no es la separación de los demás, sino de nosotros mismos.
Los roles pueden resultar hipnóticos. Podemos enamorarnos de un rol o fantasía y vivirlo como si fuera nuestro verdadero ser. O, más común, podemos enamorarnos de alguien que está representando un rol. Aquí no nos enamoramos de una persona verdadera, sino de la imagen o fantasía que ha creado para nosotros. Podemos sufrir una conmoción si esa persona abandona su rol y nos encontramos cara a cara con quien es en realidad. Ésto habitualmente toma algunos meses de relación, y luego comenzamos a preguntarnos, ¿dónde ha ido a parar el amor?.
Representar un papel nos brinda una sentimiento temporal de seguridad. La seguridad temporal no es mala, pero es sólo temporal y no satisface nuestras necesidades más profundas, ni llena nuestro vacío interior. El mayor peligro de perdernos en un rol es que ese rol puede empezar a sobrepasarnos. Podemos perder contacto con la realidad. Perdemos conexión con nuestros sentimientos, y puede que llegue un punto en que no seamos capaces de ver las posibilidades con que contamos en nuestra vida.
Muchísimos malentendidos y una profunda falta de comunicación suelen ser las consecuencias de apegarse a un rol en particular, o a una ilusión de sí mismo. Despéguese un poquito. Mire si puede empezar a separarse del rol estático que ha construido para usted.
Ejercicio: Libérese.
¿A qué clase de roles, juegos o identidades se apega usted? ¿Cómo afecta éso su funcionamiento general? ¿Cómo contribuye a su sentimiento de soledad, extrañeza o separación de los demás? Deshágase del papel que representa a diario. Sea quien es. Permítase saber cómo se siente y qué cosas son importantes para usted. Si hace ésto día a día, se sentirá más conectado con usted y con el mundo.
Consejo de un amigo
La soledad no es mala... hay que ser muy inteligente y saber aprovecharla para encontrarse con uno mismo. Y eso de que no tenés amigos ni con quién salir no me lo creo..porque si realmente te interesa la vida social..hay montones de lugares donde uno puede conocer gente, hablar... etc. Hay que ver cuanto ponés vos de vos mismo para abrirte a los demás e integrarte... Y si realmente es cierto y no tenés con quién estar, buscá algo que hacer como leer un buen libro..
Cómo combatir la soledad
Existen momentos en los cuales los problemas oprimen a ti y a tu te sientes solo, sin embargo, según psicólogos la soledad verdadera es la pérdida del contacto humano.
Has tenido seguramente momentos malos, donde todo lo que te sucede por combatir la soledad: tienes peleas en el trabajo, con la familia, tu perro haces enfermedad y rematarla toda, ruges con el galante.
Exactamente pasa que tu amigo mejor, después de que un año de caminar solo, es feliz porque ella encontró el amor justo, así que el no tiene tiempo para oír tus dolores y todos se parece ser como ausente indiferente y, cuando tú necesitas un hombro más y te sientes solo que siempre.
Puede eso para ti es solamente un poco rato, pero según algunos psicólogos, la soledad se ha convertido en “la plaga del siglo XXI”. En el mundo entero, según los datos, en el 2000, el número de la gente que vivió en hogares del unipersonal estaba de millón de 403 millares; es decir, casi la población total del estado de Querétaro. La soledad se extiende cada vez más, principalmente en las grandes ciudades, en donde el contacto humano se pierde gradualmente.
Como combatir la soledad
Aunque a la gente te rodeas, puedes sentirte increíblemente solo y combatir la soledad. Psicologicamente, la soledad se define como la ausencia, verdadero o se percibe, de las relaciones sociales satisfactorias, que aparecen con síntomas de agitaciones y de la unión mal hecha psicologicas, como ansiedad, la depresión de la droga, el insomnio, el abuso y el alcoholismo.
Uno también comenta que muchas de esta gente van con frecuencia a las barras nocturnal, discotecas y otros centros, buscando para cubrir el vacío interno enorme con música y la multiplicidad, pero a veces, manejan solamente hacerla mayor. La soledad existe crónico, eso parquea durante varios años y muy está agotando y la soledad temporal, que es un humor breve y ocasional, como por ejemplo: cuando alguien muere o se va nosotros.
Que tengas que combatir la soledad se puede clasificar en dos tipos: causado por una pequeña red de las relaciones (tienes pocos amigos), o por las relaciones insatisfactorias o superficiales (que es el caso de la gente que está siempre en la celebración y el parranda, solamente que es terrible solo).
Como ves, sentirse solo es algo mismo campo común, pero al mismo tiempo mismo malo para nuestro bienestar emocional, y uniforme para nuestra comprobación de la salud, porque hay los especialistas que afirman que si los doctores hablaran más con sus pacientes, las enfermedades disminuirían seguramente mucho.
Has tenido seguramente momentos malos, donde todo lo que te sucede por combatir la soledad: tienes peleas en el trabajo, con la familia, tu perro haces enfermedad y rematarla toda, ruges con el galante.
Exactamente pasa que tu amigo mejor, después de que un año de caminar solo, es feliz porque ella encontró el amor justo, así que el no tiene tiempo para oír tus dolores y todos se parece ser como ausente indiferente y, cuando tú necesitas un hombro más y te sientes solo que siempre.
Puede eso para ti es solamente un poco rato, pero según algunos psicólogos, la soledad se ha convertido en “la plaga del siglo XXI”. En el mundo entero, según los datos, en el 2000, el número de la gente que vivió en hogares del unipersonal estaba de millón de 403 millares; es decir, casi la población total del estado de Querétaro. La soledad se extiende cada vez más, principalmente en las grandes ciudades, en donde el contacto humano se pierde gradualmente.
Como combatir la soledad
Aunque a la gente te rodeas, puedes sentirte increíblemente solo y combatir la soledad. Psicologicamente, la soledad se define como la ausencia, verdadero o se percibe, de las relaciones sociales satisfactorias, que aparecen con síntomas de agitaciones y de la unión mal hecha psicologicas, como ansiedad, la depresión de la droga, el insomnio, el abuso y el alcoholismo.
Uno también comenta que muchas de esta gente van con frecuencia a las barras nocturnal, discotecas y otros centros, buscando para cubrir el vacío interno enorme con música y la multiplicidad, pero a veces, manejan solamente hacerla mayor. La soledad existe crónico, eso parquea durante varios años y muy está agotando y la soledad temporal, que es un humor breve y ocasional, como por ejemplo: cuando alguien muere o se va nosotros.
Que tengas que combatir la soledad se puede clasificar en dos tipos: causado por una pequeña red de las relaciones (tienes pocos amigos), o por las relaciones insatisfactorias o superficiales (que es el caso de la gente que está siempre en la celebración y el parranda, solamente que es terrible solo).
Como ves, sentirse solo es algo mismo campo común, pero al mismo tiempo mismo malo para nuestro bienestar emocional, y uniforme para nuestra comprobación de la salud, porque hay los especialistas que afirman que si los doctores hablaran más con sus pacientes, las enfermedades disminuirían seguramente mucho.
Combatir la soledad
Cómo combatir la soledadHay momentos en los que los problemas te agobian y te sientes sola, sin embargo, según psicólogos la verdadera soledad es la pérdida del contacto humano.
FMU/ Mitsi Nieto
Seguramente has tenido temporadas negras, donde todo te sucede: tienes broncas en el trabajo, con la familia, tu perro se enferma y por si fuera poco, truenas con el galán. Curiosamente, coincide con que tu única mejor amiga, después de un año de andar sola, está feliz porque encontró el amor, así que no tiene mucho tiempo para oír tus penas y todo el mundo parece estar como ausente e indiferente, justo cuando tú más necesitas de un hombro y te sientes más sola que nunca.
Puede que para ti sea sólo un momento, pero según algunos psicólogos, la soledad se ha convertido en "la peste del siglo XXI". En México, según datos del INEGI, en el año 2000, el número de personas que vivían en hogares unipersonales fue de un millón 403 mil; es decir, casi la población total del estado de Querétaro, situándose principalmente en el Distrito Federal, seguido del Estado de México, Veracruz y Jalisco.
La soledad se extiende cada vez más, sobre todo en las grandes ciudades, donde el contacto humano va perdiéndose gradualmente. Aunque estés rodeado de gente, puedes sentirte increíblemente solo.
Psicológicamente, la soledad se define como la ausencia, real o percibida, de relaciones sociales satisfactorias, que se presenta con síntomas de trastornos psicológicos y desadaptación, como ansiedad, depresión, insomnio, abuso de drogas y alcoholismo. Se comenta también que muchas de estas personas acuden con frecuencia a bares, discotecas y otros centros nocturnos, buscando cubrir el enorme vacío interno con la música y la multitud, pero en ocasiones, sólo logran hacerlo más grande.
Existe la soledad crónica, que se estaciona durante varios años y es muy agotadora y la soledad temporal, que es un estado de ánimo breve y ocasional, como por ejemplo: cuando alguien muere o nos abandona.
La soledad puede clasificarse en dos tipos: ocasionada por una red escasa de relaciones (tienes pocos amigos), o bien por relaciones insatisfactorias o superficiales (que es el caso de la gente que siempre está en la fiesta y en la parranda, pero que está terriblemente sola).
Como ves, sentirse solo es algo muy común, pero al mismo tiempo muy malo para nuestro bienestar emocional, e incluso para nuestra salud física, pues hay especialistas que afirman que si los doctores hablaran más con sus pacientes, seguramente las enfermedades disminuirían mucho.
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La soledad, un mal de nuestro tiempo
Tres características definen la soledad: es el resultado de relaciones sociales deficientes, constituye una experiencia subjetiva ya que uno puede estar solo sin sentirse solo o sentirse solo cuando se halla en grupo; y, por último, resulta desagradable y puede llegar a generar angustia.
La soledad, salvo excepciones, es una experiencia indeseada similar a la depresión y la ansiedad. Es distinta del aislamiento social, y refleja una percepción del individuo respecto a su red de relaciones sociales, bien porque esta red es escasa o porque la relación es insatisfactoria o demasiado superficial. Se distingue dos tipos de soledad: la emocional, o ausencia de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad, y la social, que supone la no pertenencia a un grupo que ayude al individuo a compartir intereses y preocupaciones. Parece, por otro lado, que la soledad está relacionada con la capacidad de las personas para manifestar sus sentimientos y opiniones.
Hay dos tipos de soledad: la personal (ausencia de una relación íntima con alguien) y la social (carencia de amistades)
Cuando nuestra habilidad para relacionarnos es deficiente, aumenta la probabilidad de que nos quedemos solos ya que las relaciones que mantenemos son menos entusiastas y empáticas. En general, las personas con problemas de neurosis se muestran convencidas de que no resultan amables ni dignas de ser apreciadas, y rechazan cualquier tipo de amigos potenciales con el objetivo de protegerse a sí mismos del posible rechazo. La soledad esta muy relacionada con la pérdida de relaciones con ese conjunto de personas significativas en la vida del individuo y con las que se interactúa de forma regular. La definición más común de soledad es la de carencia de compañía y que se tiende a vincularla con estados de tristeza, desamor y negatividad, obviando los beneficios que una soledad ocasional y deseada puede reportar.
La ausencia de un ser querido
Cuando (por separación en la pareja, fallecimiento de un ser querido u otra causa) desaparece de nuestra vida alguien a quien hemos amado o que ocupaba un espacio estelar en nuestra cotidianeidad, nos invade una particular sensación de soledad, un vacío, una nada enmudecida que nos sume en la tristeza y la desesperanza. Hemos de sobrellevar la dolorosa percepción de horfandad, de ausencia de una persona insustituible. Nos vemos perdidos y sin referencias en las que antes nos apoyábamos para afrontar la vida.
Somos seres sociales que necesitamos de los demás para hacernos a nosotros mismos. Y no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar y revalidar nuestra autoestima, ya que ésta se genera cada día en la interrelación con las personas que nos rodean.
La pérdida es irreemplazable pero no debe ser irreparable. Ese hueco o, mejor, su silueta, quedará ahí pero si nos permitimos sentir la tristeza y nos proponemos superarla a base de confianza en nosotros mismos, podremos reunir fuerzas para establecer nuevas relaciones que cubran al menos parcialmente ese déficit de amor que la ausencia del ser querido ha causado. Hemos de intentar que la carencia de esa persona no se convierta en una carencia general de relaciones. Esta soledad es dolorosa, pero puede convertirse en positiva si la interpretamos como oportunidad para aprender a vivir el dolor sin quedarnos bloqueados. Y para generar recursos y habilidades para continuar transitando satisfactoriamente por la vida. Debemos interiorizar y controlar el dolor, sabiéndolo parte inherente a la vida, aprendiendo a no temerlo y a no mantenernos al margen del sufrimiento como si de una debilidad o incapacidad se tratara. Quien sabe salir del dolor está preparado para disfrutarla la plenitud en momentos venideros.
La soledad social
La de quien apenas habla más que con su familia, sus compañeros de trabajo y sus vecinos es una soledad muy común en este mundo nuestro. Nos sentimos incapaces de contactar con un mínimo de confianza con quienes nos rodean, tememos miedo que nos hagan o nos rechacen. Plantamos un muro a nuestro alrededor, nos encerramos en nuestra pequeña célula (en ocasiones, incluso unipersonal) y vivimos el vacío que nosotros mismos creamos y que justificamos con planteamientos como "no me entienden", "la gente sólo quiere hacerte daño", "para lo único que les interesas es para sacarte algo", "cada vez que confías en alguien, te llevas una puñalada". Si la soledad es deseada nada hay que objetar, aunque la situación entraña peligro: el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con la que compartir aficiones, preocupaciones y anhelos es un cimiento difícilmente sustituible para asentar una vida feliz. Es una meta difícil y las estructuras y hábitos sociales de nuestra civilización frenan este empeño de hacer y mantener amistades, pero merece la pena empeñar lo mejor de nosotros en el intento.
Esa soledad no deseada puede convertirse en angustia, si bien algunos se acostumbran a vivir solos. Se revestirá esta actitud de una apariencia de fortaleza, autosuficiencia, agresividad o timidez. Y todo, para esconder la inseguridad y el miedo a que no se nos quiera o no se nos respete.
Hay también otras soledades indeseadas, como esas a las que se ven abocadas personas mayores, amas de casa, o quienes muestran una orientación sexual no convencional, o quienes sufren ciertas enfermedades, incapacidades físicas o psicológicas o imperfecciones estéticas.
Un estado transitorio, nada más
La soledad es una situación que hemos de aspirar a convertir en transitoria y que conviene percibir como no forzosamente traumática. Podemos mutarla en momento de reflexión, de conocernos a fondo y de encontrarnos sinceramente con nuestra propia identidad. Hay un tiempo para comunicarnos con los demás y otro (que necesita de la soledad) para establecer contacto con lo más profundo de nosotros mismos. Hemos de "hablar" con nuestros miedos, no podemos ignorarlos ni quedarnos bloqueados por ellos. Es conveniente que, en ocasiones, optemos por la soledad. En suma, equilibremos los momentos en que nos expresamos y atendemos a otros, y los que dedicamos a pensar, en soledad, en nuestras propias cosas.
Vencer la soledad no deseada: unos pasos útiles
Diagnóstico: qué tipo de soledad es la que estamos sufriendo y a qué circunstancias se debe. Conocernos bien. Dejemos a un lado el miedo a mirar dentro de nosotros, y afrontemos la necesidad de saber cómo somos: nuestras ilusiones y ambiciones, limitaciones y miedos, quién quiero ser, cómo me ven, cómo me veo... Fuera la timidez. Tomemos la iniciativa para conseguir nuevas relaciones. Establezcamos qué personas nos interesan, y elaboremos una estrategia para contactar con ellas. No hay nada que perder. El miedo al rechazo es un freno para entablar nuevas amistades o amores. El objetivo es importante, no nos andemos con remilgos. Sin victimismos. El mundo resulta en ocasiones cruel, vulgar y materialista, de acuerdo. Pero seguro que hay otras personas que pueden estar deseando conocer a alguien como nosotros. Encerrarnos en nosotros mismos es reconocer la derrota. A la mayorìa la soledad nos hace daño, y nos sienta mejor tener con quién hablar, intimar y a quién querer. No somos tan raros como a veces pensamos. No hay más que hablar en profundidad y confianza con cualquier persona para comprobarlo. Podemos "llenar" a más gente de la que creemos y nos pueden resultar atractivas muchas personas que tenemos muy cerca.
La soledad, salvo excepciones, es una experiencia indeseada similar a la depresión y la ansiedad. Es distinta del aislamiento social, y refleja una percepción del individuo respecto a su red de relaciones sociales, bien porque esta red es escasa o porque la relación es insatisfactoria o demasiado superficial. Se distingue dos tipos de soledad: la emocional, o ausencia de una relación intensa con otra persona que nos produzca satisfacción y seguridad, y la social, que supone la no pertenencia a un grupo que ayude al individuo a compartir intereses y preocupaciones. Parece, por otro lado, que la soledad está relacionada con la capacidad de las personas para manifestar sus sentimientos y opiniones.
Hay dos tipos de soledad: la personal (ausencia de una relación íntima con alguien) y la social (carencia de amistades)
Cuando nuestra habilidad para relacionarnos es deficiente, aumenta la probabilidad de que nos quedemos solos ya que las relaciones que mantenemos son menos entusiastas y empáticas. En general, las personas con problemas de neurosis se muestran convencidas de que no resultan amables ni dignas de ser apreciadas, y rechazan cualquier tipo de amigos potenciales con el objetivo de protegerse a sí mismos del posible rechazo. La soledad esta muy relacionada con la pérdida de relaciones con ese conjunto de personas significativas en la vida del individuo y con las que se interactúa de forma regular. La definición más común de soledad es la de carencia de compañía y que se tiende a vincularla con estados de tristeza, desamor y negatividad, obviando los beneficios que una soledad ocasional y deseada puede reportar.
La ausencia de un ser querido
Cuando (por separación en la pareja, fallecimiento de un ser querido u otra causa) desaparece de nuestra vida alguien a quien hemos amado o que ocupaba un espacio estelar en nuestra cotidianeidad, nos invade una particular sensación de soledad, un vacío, una nada enmudecida que nos sume en la tristeza y la desesperanza. Hemos de sobrellevar la dolorosa percepción de horfandad, de ausencia de una persona insustituible. Nos vemos perdidos y sin referencias en las que antes nos apoyábamos para afrontar la vida.
Somos seres sociales que necesitamos de los demás para hacernos a nosotros mismos. Y no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar y revalidar nuestra autoestima, ya que ésta se genera cada día en la interrelación con las personas que nos rodean.
La pérdida es irreemplazable pero no debe ser irreparable. Ese hueco o, mejor, su silueta, quedará ahí pero si nos permitimos sentir la tristeza y nos proponemos superarla a base de confianza en nosotros mismos, podremos reunir fuerzas para establecer nuevas relaciones que cubran al menos parcialmente ese déficit de amor que la ausencia del ser querido ha causado. Hemos de intentar que la carencia de esa persona no se convierta en una carencia general de relaciones. Esta soledad es dolorosa, pero puede convertirse en positiva si la interpretamos como oportunidad para aprender a vivir el dolor sin quedarnos bloqueados. Y para generar recursos y habilidades para continuar transitando satisfactoriamente por la vida. Debemos interiorizar y controlar el dolor, sabiéndolo parte inherente a la vida, aprendiendo a no temerlo y a no mantenernos al margen del sufrimiento como si de una debilidad o incapacidad se tratara. Quien sabe salir del dolor está preparado para disfrutarla la plenitud en momentos venideros.
La soledad social
La de quien apenas habla más que con su familia, sus compañeros de trabajo y sus vecinos es una soledad muy común en este mundo nuestro. Nos sentimos incapaces de contactar con un mínimo de confianza con quienes nos rodean, tememos miedo que nos hagan o nos rechacen. Plantamos un muro a nuestro alrededor, nos encerramos en nuestra pequeña célula (en ocasiones, incluso unipersonal) y vivimos el vacío que nosotros mismos creamos y que justificamos con planteamientos como "no me entienden", "la gente sólo quiere hacerte daño", "para lo único que les interesas es para sacarte algo", "cada vez que confías en alguien, te llevas una puñalada". Si la soledad es deseada nada hay que objetar, aunque la situación entraña peligro: el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con la que compartir aficiones, preocupaciones y anhelos es un cimiento difícilmente sustituible para asentar una vida feliz. Es una meta difícil y las estructuras y hábitos sociales de nuestra civilización frenan este empeño de hacer y mantener amistades, pero merece la pena empeñar lo mejor de nosotros en el intento.
Esa soledad no deseada puede convertirse en angustia, si bien algunos se acostumbran a vivir solos. Se revestirá esta actitud de una apariencia de fortaleza, autosuficiencia, agresividad o timidez. Y todo, para esconder la inseguridad y el miedo a que no se nos quiera o no se nos respete.
Hay también otras soledades indeseadas, como esas a las que se ven abocadas personas mayores, amas de casa, o quienes muestran una orientación sexual no convencional, o quienes sufren ciertas enfermedades, incapacidades físicas o psicológicas o imperfecciones estéticas.
Un estado transitorio, nada más
La soledad es una situación que hemos de aspirar a convertir en transitoria y que conviene percibir como no forzosamente traumática. Podemos mutarla en momento de reflexión, de conocernos a fondo y de encontrarnos sinceramente con nuestra propia identidad. Hay un tiempo para comunicarnos con los demás y otro (que necesita de la soledad) para establecer contacto con lo más profundo de nosotros mismos. Hemos de "hablar" con nuestros miedos, no podemos ignorarlos ni quedarnos bloqueados por ellos. Es conveniente que, en ocasiones, optemos por la soledad. En suma, equilibremos los momentos en que nos expresamos y atendemos a otros, y los que dedicamos a pensar, en soledad, en nuestras propias cosas.
Vencer la soledad no deseada: unos pasos útiles
Diagnóstico: qué tipo de soledad es la que estamos sufriendo y a qué circunstancias se debe. Conocernos bien. Dejemos a un lado el miedo a mirar dentro de nosotros, y afrontemos la necesidad de saber cómo somos: nuestras ilusiones y ambiciones, limitaciones y miedos, quién quiero ser, cómo me ven, cómo me veo... Fuera la timidez. Tomemos la iniciativa para conseguir nuevas relaciones. Establezcamos qué personas nos interesan, y elaboremos una estrategia para contactar con ellas. No hay nada que perder. El miedo al rechazo es un freno para entablar nuevas amistades o amores. El objetivo es importante, no nos andemos con remilgos. Sin victimismos. El mundo resulta en ocasiones cruel, vulgar y materialista, de acuerdo. Pero seguro que hay otras personas que pueden estar deseando conocer a alguien como nosotros. Encerrarnos en nosotros mismos es reconocer la derrota. A la mayorìa la soledad nos hace daño, y nos sienta mejor tener con quién hablar, intimar y a quién querer. No somos tan raros como a veces pensamos. No hay más que hablar en profundidad y confianza con cualquier persona para comprobarlo. Podemos "llenar" a más gente de la que creemos y nos pueden resultar atractivas muchas personas que tenemos muy cerca.
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